Son varias las leyendas que tienen como escenario el casco histórico de Cáceres. Tanto siglos de historia y de convivencias entre distintas culturas: cristianos, moros, judíos,… deja a la ciudad una infinidad de leyendas, creencias y de cuentos de diversa índole, dotándola de un carácter propio y lleno de fantasía. Aquí os mostramos algunas de las leyendas:

La leyenda de la mora encantada

Leyenda Mora

El rey Alfonso IX se hallaba en abril de 1229 situado una vez más a la inexpugnable ciudad almohade “Hizn Qazris” con la esperanza de recuperarla de una vez. Como último recurso mandó al capitán de su tropa para que diera un comunicado al Caíd y gobernante de la ciudad. En este le advertía de que abandonara la ciudad sin más derramamiento de sangre, ya que por deber le pertenecía al reino cristiano. La hija del Caíd, reconocida por su gran belleza, se encontraba en el alcázar y no muy lejos de la escena. Nada pudo evitar que la bella princesa se fijase en dicho capitán. Lo que en ese momento fue tan sólo un cruce de miradas, en poco tiempo se convirtió en amor.
Durante un tiempo ambos se encontraban a escondidas cada noche gracias a los pasadizos subterráneos que comunicaban al alcázar con el exterior de la muralla. El capitán mantuvo un fingido amor por la princesa mora hasta que descubrió el túnel por el que ella escapaba cada noche. Una vez visto y teniendo en su poder la llave que abría las “puertas” hacia el interior de la ciudad amurallada, preparo el asalto definitivo. Sin mayor contratiempo, en la víspera de San Jorge, el 23 de abril de 1229, Cáceres ya era cristiana.
Se cuenta que el Caíd, antes de morir en la batalla , dolido por la traición de su hija, la maldijo junto a sus doncellas, encantándolas y convirtiendo a la princesa en gallina y al resto en polluelos, para que viviera por los siglos de los siglos en alguna galería secreta subterránea de la ciudad.
El encantamiento les obliga a salir una vez al año de los oscuros pasillos que les mantienen presas. La princesa mora acompañada de sus doncellas convertidas en polluelos recubiertos de plumas de oro, se pasean por la ciudad amurallada desde el momento que suena la primera campanada de las 12 de la noche de la víspera del día de San Jorge, vagando por las calles, sin dejarse ver por nadie, para volver a esconderse bajo la ciudad hasta el año siguiente. El hechizo explica que si algún vecino logra hacerse con alguno de lo polluelos y lo lleva siempre consigo tendrá riqueza y fortuna el resto de su vida.
En esta creencia se basa la costumbre que lleva al ayuntamiento a esconder cada año por la ciudad vieja en las fiestas de San Jorge una representación de la gallina de oro y sus polluelos, para que los encuentre el más afortunado o sagaz.

San Jorge y el Dragón

San Jorge

Tras la reconquista de la ciudad por Alfonso IX el 23 de abril de 1229, día de San Jorge , este santo se convierte en patrón de Cáceres, y su figura aparece ampliamente representada y festejada en varias de sus tradiciones. La iconografía más habitual, es la que muestra a san Jorge con una lanza batallando con un dragón.
Este santo se convirtió en un símbolo de lucha y el coraje necesario para vencer al mal. En este caso el dragón simboliza a los musulmanes, los enemigos de Cristo.

Casa de los Solís

Casa de los Solís

La fachada de la casa de los Solís trae a la memoria una leyenda de cómo se fundó esta rama nobiliaria. Cuando en 1490 los Reyes Católicos se encontraban asediando la última ciudad musulmana de la península: Granada, el campamento cristiano sufrió un pavoroso incendio. Tras esto, decidieron volver a levantar de nuevo el campamento, pero esta vez en piedra. Pero para ello necesitaban contar con el dinero que habían de librar forzosamente las Cortes Generales, que se encontraban reunidas en Tordesillas (Valladolid).
Así, la reina Isabel la Católica emprendió un viaje por la Vía de la Plata para tratar de llegar a ellas antes de que se disolvieran.
Al llegar a Cáceres se dio cuenta de que con su sequito le sería imposible llegar a tiempo a Tordesillas. Entonces buscó en la ciudad a un caballero voluntarioso y valiente que estuviera dispuesto a alcanzar las Cortes para solicitar el dinero. La reina le anunció: “Si con el sol is, y con sol volvéis, noble seréis”. El caballero con empeño logró ir hasta Tordesillas y volver antes de ponerse el sol con la misión cumplida, y la reina para cumplir su parte del trato, le nombró maestre de la Orden de Alcántara, otorgándole el apellido de Solís y el escudo con el sol, haciéndole grande de España, tal y como da fe el yelmo que corona su escudo.

La leyenda de los Maldonado

Casa Aldana

La leyenda de los Maldonado relata cómo esta familia, propietaria de la conocida como casa del Águila o de Sande, ganó las flores de lis de su escudo al rey de Francia. Aconteció en tiempos cuando Carlos I gobernaba el país. Tres caballeros franceses aprovechándose de la hospitalidad de un noble cacereño que los alojo en esta casa , deshonraron a su hermosa hija. Después de que los tres caballeros partieran, el noble descubrió la acción de los franceses y este partió enseguida tras ellos después de hacer que su hija ingresara en un convento. Así, los alcanzó en Perpignan, donde los reto a un duelo y les dio muerte con gran ensañamiento .La venganza llegó a oídos del rey de Francia, que tenia fama de buen espadachín. Este pidió a uno de sus vasallos que fuera en busca del cacereño y le diera escarmiento por verter sangre de sus súbditos en su reino. Pero el noble, al igual que antes, venció de nuevo al enviado por el rey; por lo que fue arrestado y llevado en presencia del monarca Francés.
Esta vez el rey le dejo escoger contrincante para un reto a muerte en ejecución de la sentencia. El noble, conocedor de las habilidades del rey, escogió al monarca para batirse en duelo. De nuevo el noble cacereño resulto vencedor, pero esta vez con la punta de su espada sobre el cuello del rey a punto de acabar con él, este le espetó que pidiera lo que quisiera y se marchara para siempre de su reino. El cacereño pidió entonces que le concediera cinco flores de lis del escudo real en recuerdo de los cinco franceses que había derrotado en limpia lucha como pago por la afrenta cometida con su hija. A lo que el rey le respondió: “os las llevareis mal donadas”
“Maldonado” le gritaban los franceses en el camino de vuelta a la península. Dando origen del apellido y el blasón. La hija, ya mayor, abandonó el convento para regresar a su casa y se hizo construir la bella ventana gótica que se ve en la fachada y que los cacereños conocen popularmente como la ventana de la monja.

Moneda de Oro

Convento de San Francisco

Cuenta la leyenda que el franciscano Fray Pedro Ferrer, emprendió un viaje desde Valencia con el fin de encontrar el lugar idóneo para fundar un nuevo monasterio. Cáceres le parecía el lugar perfecto para la construcción del mismo, pero las autoridades de la ciudad no le concedían tal privilegio. Fray Pedro, tras vanos intentos, decidió abandonar Cáceres en busca de otro lugar. Pero antes tenia que herrar su caballo. En el momento de saldar la deuda con el herrero que realizó el trabajo, pasó junto a ellos el noble cacereño Diego García de Ulloa, a quien solicitó que si le haría el favor de saldar la deuda contraída con el herrero, ya que el no disponía de suficientes monedas para hacerlo. El noble le advirtió de que no solía llevar dinero cuando acudía a sus propiedades del campo, como en esa ocasión, y que no tenia allí con que ayudarle. Fray Pedro insistió en que buscara por si de casualidad tenía alguna moneda despistada en sus bolsillos. Cuando el noble buscó entre sus ropas, descubrió en su saya una extraña moneda de oro para él desconocida. Este acontecimiento fue concebido como un milagro obrado por san Francisco, el cual dio lugar a que las autoridades cacereñas se mostraren favorables a la fundación del convento.

La leyenda del Mono

Casa del Mono

La casa de los Espadero-Pizarro, situada en la cuesta de Aldana, es conocida en la ciudad como ‘la casa del mono’. Cuenta la leyenda que el comerciante y dueño de la casa, regaló a su esposa un mono exótico que compró en uno de sus viajes de trabajo, todo ello para compensar su ausencia durante largos días en los que él no estaba. La pareja a pesar de los numerosos intentos por tener hijos no eran capaces de engendrar uno, con lo cual el animalito les sirvió como distracción. A medida que avanzaba el tiempo, éste era tratado como uno más de la familia, como el hijo que no habían podido tener. Pero un día, la esposa del comerciante quedó embarazada, acontecimiento que tomaron con gran alegría. Cuando nació el niño, el mono, hasta ahora tratado como un integrante más de familia, se fue sintiendo desplazado. Un día, por celos hacía el recién nacido, acabo con la vida del bebé arrojándolo por la ventana. El comerciante como castigo, lo encadenó a las escaleras del palacio condenándole por sus actos, dejándole morir sin hacer caso a sus gritos. Actualmente, tres gárgolas de granito adornan la fachada del palacio, se dice que una representa al mono, otra al hombre y otra a mujer con el bebé en brazos.

Volver arriba